martes, 17 de diciembre de 2013

Capítulo 23

Se respiraba el nerviosismo en el ambiente en cuanto entre de nuevo en la sala donde estaban todos. Resonaban encima de nuestras cabezas intentos desesperados de entrar en nuestra fortaleza.

Mire la reacción de cada uno de ellos. Todos en general se habían preparado para pelear. Alec se veía serio y concentrado en el arma que limpiaba entre las manos. Tomás tecleaba rápidamente cosas indescifrables para mí en el ordenador. Lya estaba nerviosa pero mantenía la calma como podía; al verme pareció impacientarse más. Julie estaba muerta de miedo en los brazos de su madre, mientras que ésta estaba como nerviosa, pero se le notaba sobre actuado. No me fiaba de Anne, su mirada era fría y calculadora aún que la solía disimular bajo una mirada dulce de madre inocente.

- ¿Y Zeev? - preguntó Anne mirándome con ojos acusadores.

- No está en disposición de hacer nada ahora mismo. Me ha puesto al mando...

- ¡¿Tu?! ¡Ja! Pero si no sabes ni quién eres realmente, ni el lugar al que perteneces. Yo no pienso seguir las órdenes de una desfasada mental. - las palabras de Anne me provocaban rabia y dolor al mismo tiempo. No sabía si ignórala o contestar. Me decidí por lo segundo ya que todos esperaban que lo hiciera.

- Estoy de acuerdo contigo. Yo tampoco entiendo la decisión de Zeev. Yo misma tampoco seguiría a una persona que se sabe su nombre por casualidad. Pero por algo lo ha echo. Lo hizo porque un día fui vuestra líder, dice que eso lo sigo llevando dentro. Aún que no recuerde todo de mi vida, recuerdo el motivo de mi lucha contra ese asqueroso gobierno que nos acecha. Voy a acabar con los que le hacen daño a lo que más quiero. Eso lo tengo muy claro. - dije, por primera vez en mucho tiempo, tan segura de mi misma que me sentía capaz de comerme el mundo. - Pero, no puedo hacerlo yo sola. Ayudarme y os prometo que me dejaré la vida por el camino para protegeros.

Unos aplausos resonaron en la habitación. Alec había dejado su arma a un lado y aplaudía mi discurso con orgullo. Me dejó a cuadros, lo que decía no era por agradar a nadie ni era un farol para ganármelos y después venderlos, lo que decía lo decía de lo más profundo de mi ser.

- Bravo. Por fin he vuelto a oír a mi líder. Por eso mismo me uní a esto. Para derrocar a la tiranía y crear un lugar mejor para vivir. Yumi, ¿lista para la guerra? - me tiró el arma que tan arduamente estaba limpiando. Cogí el aparato al aire, era mucho más pesado de lo que creía.

- No, no estoy preparada. No se utilizar esto. - miré lo que tenía analizándolo. Era de color negro. Parecía un aparato muy moderno, su complejidad en si era un tanto abrumadora.

- Pero estamos para ayudarte a recordar como era. Como sentirte al pelear por lo que quieres. - dijo Lya sin levantar la vista del suelo. - Recordar lo que se siente al arrebatar una vida.

Arrebatar una vida... Nunca me habría imaginado que la situación llagara tan lejos. Me vi allí; en medio de una revolución, con un arma en la mano disponiéndome para asesinar a quien se pusiera en mi camino. En ese momento la imagen de Will en casa conmigo se me hizo una delicia. Si tuviera la certeza de que pudiera llegar a él, abandonaría esta pesadilla casi sin pestañear. ¿Quién en su sano juicio quiere meterse en una guerra? Pero un mundo perfecto ha de ser mentira. Así que la opción que me quedaba era pelear sin titubear. Nunca me había creído capaz de nada así, siempre me he visto a mi misma como una chica tonta que no sabe ni en que sitio está. Pero al ver las miradas de los que me rodean sé que aún que me sea algo increíble ahora, en algún momento de mi vida fui una líder, una persona en la que todos ellos confiaron y lo estaban volviendo a hacer aún a sabiendas que estábamos en una situación más que negra.

- ¿Cuánto tiempo tengo, Tom? - le preguntó Alec al muchacho, que con el reflejo de la pantalla en las gafas no se podían ver sus ojos caoba.

- Como mucho diez minutos antes de que terminen con la primera puerta. Con la segunda tendremos unos veinte minutos más.

- En diez minutos estamos de vuelta. - Alec me agarró del brazo y me arrastró hacia la salida.

- ¿A dónde vais? - preguntó Anne.

- A darle una clase exprés de como usar un arma. - explicó el muchacho con una sonrisa pícara en el rostro. - Vamos, Yumi.

Asentí y salimos disparados. Le seguí por un estrecho pasillo en la parte más baja del búnker. Al final de aquel pasillo de piedra gris y húmeda había una puerta metálica y pesada. Al traspasar el portalón entramos en una sala enorme donde supongo que era el campo de tiro. Alec se dió la vuelta y miró mi arma.

- Intenta pensar la manera más correcta de colocarla, era tu arma preferida fijo que si haces memoria sabrás usarla. - no sabía muy bien cómo colocarla pero me dejé llevar y me arriesgué. La cogí con la mano derecha y estiré el brazo en una posición cómoda para apuntar y disparar. - Perfecto. Genial, ahora mira al frente y intenta darle a ese muñeco de allí. - miré en la dirección que apuntaba su dedo. Era un muñeco de no más de un metro de alto y estaba a una distancia de cien metros.

- ¡Es imposible que llegue a darle!

- Tu apunta y dispara.

Hice lo que decía Alec. Apunté al centro del maniquí y apreté el pequeño gatillo. Con un gran estruendo una bala salió del cañón y en micro segundos impactó en la pared que había detrás de mi objetivo.

- No voy a darle.

- Si eres así de negativa, claro que no le darás jamás. Relájate y visualizarte disparando y dándole.
Lo hice. Respiré hondo y cerré los ojos para concentrarme; me imaginé a mi misma haciendo lo que debería de hacer. Al hacerlo fue más un recuerdo que una imagen imaginada.

Abrí los ojos y volví a apuntar cuidadosamente, ésta vez la tranquilidad corría por mi cuerpo. Me sentía a gusto. Apreté el gatillo y la bala impactó con gran estruendo en el muñeco.

- ¿Ves? Aparte le has dado en el centro, muy bien. Ahora un poco más difícil. Dispara en blancos móviles y no te dejes ninguno. - dijo en un tono divertido. Estaba loco, lo que acababa de ocurrir era la suerte del principiante. Era imposible que lograra repetir lo ocurrido.

Alec me puso una mano en el hombro en señal de apoyo y entró como en una especie de cabina en la que pude observar todo tipo de ordenadores para contabilizar los tiros y las dianas, o eso supuse. Me concentré y olvide todo lo que tenía dentro de mi. Escuché cada recoveco de la gran sala a la espera de algo que me indicara por donde iban a salir mi objetivos. Por fin un ápice de mecanismos en movimiento resonó débilmente por mi franco izquierdo. Me giré y de la nada salió otro muñeco idéntico al estático del fondo. Disparé pero poco tiempo me dio a regodearme en si le había dado o no, oí más chirridos a mi espalda y ya salía con una velocidad pasmosa el muñeco de la pared. No recuerdo bien a cuántos muñecos logré disparar con acierto, puesto que fueron muchos a los que disparé en aquel entrenamiento. Al acabar yo estaba sudando del movimiento requerido en el ejercicio, la pistola ya no estaba fría como cuando me la dieron y el ambiente olía a pólvora.

- Como era de esperar de ti. - dijo Alec saliendo de la cabina. - Has dado en todos los blancos y con una precisión muy exacta.

- Pues ha sido sin querer.

- No, tu antiguo yo está dentro de ti, gritando las respuestas que buscas en silencio. Solo tienes que esforzarte un poco y oírlas. - me sonreía con su sonrisa de medio lado. - Se acabó entrenamiento, subamos a la verdadera guerra. Suerte, y procura encontrarte a ti misma - me apoyó sus dos manos en mis hombros como animándome.

¿Sería realmente capaz de ser quien querían que fuera? ¿De aguantar en frente al miedo sin vacilar? Estaba realmente aterrada. Una guerra se vacilaba entre mis manos y dependía de mi la capacidad de supervivencia de unas personas importantes. No me parecía una situación muy real pero la sensación que tuve al disparar sí que lo sentí como tal. Cerré los ojos y me concentré en esos gritos silenciosos de los que me hablaba Alec. No los oía pero si que sentía la fuerza suficiente como para seguir de pié ante la adversidad y ganarle la batalla al miedo. Iba a proteger a aquellas personas a costa de mi vida si fuera necesario. ¿Sería eso lo que debería de recordar?

lunes, 18 de noviembre de 2013

Capítulo 22

Siete años antes

Los entrenamiento de esos días fueron duros. Pero los jóvenes no estaban centrados completamente en ellos porque no dejaban de pensar en aquella proposición dicha por su sargento.

- "...Por haber logrado ser los mejores de vuestra promoción os ofrecen la oportunidad de ser parte de "Titan"..." - las palabras resonaban constantemente en sus mentes.

Al llegar la noche todos los soldados se reunieron en el comedor para cenar. La cena fue tranquila y acogedora como siempre. Al terminar los jóvenes soldados fueron a hacer un entrenamiento por el campo. La noche era hermosa.

- Hoy ha sido un día duro... - comentó Alan.

- Si, y mañana peor. Según las estadísticas nos harán trabajar más a más acercamiento de la fecha de decisión de lo que nos ofrecieron. - dijo Erik escondido detrás de sus gafas y con su habitual forma de hablar técnica. Era un muchacho que triunfaba por su alto cociente intelectual y su agilidad mental para hacer que cada batalla siempre fuera a su favor.

- ¿Sabéis ya lo que vais a decir? Mañana hay que responder a si participaremos en Titan o no. Yo sí que lo haré. Quiero más fuerza y poder y ésto me lo puede conseguir. - preguntó Dani con sus ojos azules brillando de emoción.

- Yo también. - Charlie se pronunció. Charlie era el mayor de todos. Tenía mucha habilidad y arte para la guerra, vivía para ello. Su mayor característica era su pelo rojo y su silencio, ya que jamás hablaba.

- Yo también. Y no cambiare de opinión. - dijo Alan.

- A mi no me desagrada la idea y las vueltas que le he dado éstos días me ha llevado a pensar que sí, lo haré. - soltó Erik.

- Yo no lo sé. Aún le doy vueltas a la cabeza. - dijo Jesse.

- Yo no. - dijo Gallager.

- Jesse, Will. Sois los mejores y ¿no vais a aprovechar ésta oportunidad?

- Yo tengo demasiado que perder, estoy en el ejército por mi padre. Según él todo gobernante ha de saber lo que significa defender al país desde primera fila. A mi me gusta más la ciencia. Paso de Titan. - dijo Will serio y seco. - A parte, en cuanto pueda saldré del ejército y la conquistaré.

- ¿Qué chica tienes en mente Don Juan? - inquirió Alan.

- Yumi Wilder, ¿verdad? - le dijo Jesse provocando que Will le mirara. - Te gusta desde hace mucho. Pero vaya mezcla.

- ¿Quién es Yumi Wilder? - preguntó Dani.

- La única hija de el senador Marc Wilder. Mis conocimientos sobre ella son limitados pero sé que es una revolucionadora, cabecilla de esa rebelión que poco a poco se está alzando contra el gobierno. - informó Erik.

- Sí, hombre - le explicó Alan a Dani al ver su cara de perplejidad. - La chica tan guapa que sale en las noticias. Que es castaña con el pelo muy largo y los ojos azules. Es la que cada dos por tres provoca las misiones que nos dan de terminar con las manifestaciones y todo eso.

- ¡Aaah! Ya sé. Pues qué mujer. - soltó Dani - ¿Y tu, Jesse? ¿Qué harás?

- No lo sé. Es una decisión importante y hay mucho en juego. Seremos super-soldados y dios sabe por lo que pasaremos para llegar a ello y lo que pasará después. Nos prometen la luna y las estrellas, pero yo no creo que se llegue a ellas tan fácil. No lo sé chicos...

- Jesse, ten en cuenta de que llegarás a superar a tu padre. - le dijo Will, poniéndole una mano en el hombro. - Es la mejor opción que tienes.

- No sé...

- En todo caso vayamos a dormir mañana será un día duro. - dijo Charlie. Todos opinaron igual y se marcharon a dormir.

A la mañana siguiente ocurrió lo mismo que tres días atrás; el sargento entró en el dormitorio serio y cabizbajo, todos los soldados presentes le saludaron y el sargento comenzó a hablar:

- Bien, han pasado los días de plazo para pensar la proposición que se os ha hecho. Los que estáis a favor dad un paso al frente. - únicamente se movieron cinco personas de su posición. - Como me supuse, seriáis vosotros. Muchachos sois valientes para aceptar ese destino. Me retiro. Venid los cinco a mi despacho cuando os terminéis de preparar.

Aún después de que el sargento se hubiera ido la tensión se podía palpar en el ambiente. Unos irradiaban ilusión, otros nerviosismo, otros miedo y otros envidia. Los muchachos se prepararon y se dirigieron en orden hacia la dirección que les había indicado su superior. Al llegar allí se encontraron al sargento sentado en su escritorio revisando unas carpetas con el nombre de cada joven que se presentaba para aquel cometido.

- Chicos, voy a ser sincero, no me hace ninguna ilusión que cinco de los mejores soldados que han pisado este lugar se vayan para ser ratas de laboratorio. - el hombre se recuesta en su sillón con todos los informes en la mano y los va tirando encima de la mesa según va diciendo cada nombre. - Charlie Roggo, uno de los más veteranos de su clase. Alan Maft, un alumno con gran fuerza y bastante poder en cuerpo a cuerpo. Daniel Wilsam, con poca resistencia pero un gran talento para la escapada. Erik Jan, un gran estratega y gran genio. Y por último Jesse McConaughey, uno de los soldados más destacados que existen en este país. Todos vosotros sois unos soldados excepcionales y espero que salgáis ilesos. - petan a la puerta y entra un hombre mayor con una bata blanca - Soldados, os presento a Germán Valdes, el científico que llevara a cabo Titan.

Los soldados saludaron pero no obtuvieron respuesta del científico, solo una mirada analítica de cada uno de ellos. Los ojos castaños del hombre se paseó por cada joven mirando cual de ellos era el más adecuado.

- Retiraros y hoy descansad. Mañana a primera hora comenzaran las pruebas. - dijo el viejo desviando la vista a las carpetas que había encima del escritorio del sargento y cogiéndolas.

- ¡Sí señor! - dijeron los cinco al unisono y se retiraron.

- ¿Les irá bien? - preguntó el sargento.

- Eso sólo depende de ellos.

El científico, ya apoderado de los informes de cada soldado sale del despacho dejando al sargento solo. Este coge una foto de un cajón y la mira con cariño. En ese trozo de papel están retratadas las caras de cada uno de esos muchachos y de William Gallager, en su primer año de soldados rasos. El hombre aún recuerda cuando sacó esa foto por petición de Daniel para que, según el joven, recordara a "los mejores soldados que nunca existirán".

- Suerte chicos...

martes, 29 de octubre de 2013

Capítulo 21

Las puertas se cerraron con una rapidez casi incomprensible por su tamaño según cruzamos el umbral Zeev y yo. Yo estaba nerviosa. ¡¿Will?! El chico al que había creído ver era Will. Imposible. ¿Habría encontrado al Will de éste mundo o sería el mismo al que yo quería tantísimo? ¿Pasaría cómo en el caso de Zeev que eran dos chicos totalmente diferentes en un lugar y en otro? No lo sabía pero no podía saberlo en la situación que tenía entre manos en ese momento.

Todos se reunieron en la sala principal a esperar nuestros informes de lo que acababa de ocurrir en la superficie. Al llegar nosotros hubo un silencio de atención.

- ¿Cuantos son? - preguntó Alec con sus ojos azulones, normalmente alegres, serios y oscuros debido a la presión del momento.

- Por lo que vimos, muchos. - dijo Zeev con un tono de voz oscura.

- Por lo que se ve por las cámaras hay unas dos docenas o más. - comunicó Tomás desde delante del monitor. - Y como "manda más" no os imagináis quien está. - giró su mirada hacia el grupo. Todos, excepto yo, casi saltaron para verlo.

- Estamos perdidos... - soltó Anne, agachándose a abrazar a la pequeña Julie.

- El Capitán McConaughey me lo esperaba, pero el no. - saltó Alec.

- ¿Quién? - intenté acercarme al monitor pero Zeev me lo impidió.

- William Gallager, el hijo del presidente de esta mierda de lugar. - dijo Lya con asco
.
- La persona que más odio en este planeta - susurró Zeev, pero no sin antes que le propiciara una mirada entre perplejidad y odio.

- Tengo que proteger mi investigación... - saltó Germán con una prisa anormal.

- ¿Qué investigación? ¿Las armas que desarrollas? ¿La biotecnología?  - preguntó Tomás.

- Tiene que ocultar cómo me creó... - soltó Zeev sin que nadie se lo esperara.

- ¡¿Te hizo ésto Germán?! ¡¿Y por qué estás con él?! - grité sin querer.

Se oyó una explosión que provocó que el tema quedara para otra ocasión. Todos a la vez miramos la superficie. Tomás miró el monitor de vigilancia, yo miré a Zeev. No me podía creer lo que acababa de descubrir. Me parecía insólito y muy desconcertante.

- Están intentando abrir la puerta con explosivos. ¿Qué hacemos? - dijo Tomás desde su posición.
- La puerta no aguantará mucho a éste ritmo. ¿Qué hacemos, Zeev? - comentó Alec. Zeev se veía pálido y con no muy buena cara. No sabía si decirle que ordenara algo ya para ponerle remedio a éste ataque o decirle que si quería un médico. Me fijé en que la espada que nos habían lanzado momentos antes le había alcanzado en una mejilla, haciéndole un pequeño e insignificante corte. Pero el corte no sanaba. La herida seguía abierta.

- ¿Zeev? - pero no obtuve respuesta, a Zeev se le pusieron los ojos en blanco y las fuerzas le fallaron. Calló encima mía, a duras penas podía sujetarlo. Todos corrieron a socorrerle. Yo me quedé pálida.

- Llevarlo a la habitación de Germán - le ordenó Lya a Tomás y a Alec, que entre los dos llevaban a Zeev en brazos.

Anne estaba a punto de llorar y corrió junto a Zeev para estar a su lado. Julie se aferró a mi camiseta, yo la cogí en brazos y nos fundimos en un abrazo. No sé que es peor, la situación de que nuestra muerte era inminente a manos de soldados despiadados o ver a una persona que, aún estando mal él, siempre mantenía la buena cara para no deprimirte a ti, observar como está tan mal... Dos lágrimas rodaron por mi rostro... ¿Saldríamos de ésta?

Me mantuve junto a la niña, abrazándonos y calmándola lo que pude, no podía dejarla sola en ésta situación. La verdad me cabreó un poco la reacción de su madre, sé que le tiene cariño a Zeev o incluso que sea algo más de cariño, pero hay confiar en que esté bien. Mientras mantenía a la niña en brazos y pensaba en la situación Anne se acercó a nosotras y me arrebató a la niña con rudeza, lo que provocó el llanto de la pequeña.

- Vete, te quiere a ti no a mí - me soltó malhumorada y con los ojos llorosos, juntando a Julie contra su pecho para calmarla.

No le discutí, de hecho asentí y salí de la habitación con dirección al cuarto de Germán. Al llegar allí entré con una decisión que hasta entonces creí perdida. ¿Por qué tenía esa necesidad interna que me obligaba a estar así de preocupada por un chico? Había algo dentro de mi que sentía que estaba, pero que cuando lo buscaba no aparecía. Era extraño. Continué mi marcha pasando por delante de todos los que se encontraban en la habitación e ignorando sus intentos por detenerme. Traspasé esa barrera extraña y entré en el laboratorio. Germán me posó la mano en el hombro y agachó la cabeza.

- No sé como estará. He echo lo que he podido, pero no tengo ni idea si será suficiente. Por ese corte superficial le han introducido una gran cantidad de veneno, lo que ha hecho que toda su inmunidad caiga a ras de suelo. - miré en la dirección en la que Zeev se encontraba en la camilla. Y me dirigí hacia allí. Me quedé a su vera y con cariño le tomé la mano.

- Gracias, por estar conmigo - susurro en un suspiro apenas audible. Sus ojos de gato me miraban con cariño y asombro. Su palidez y el sudor frío que le recorría todo el cuerpo hacían de él un niño enfermo. Por primera vez en toda mi vida vi en su mirada miedo y dolor.

- Tu has estado más veces - repliqué.

- Cuídalos, necesitan alguien que dirija ésto.

- Zeev, oye, no hables así. Vas a ponerte bien...

- No antes de que entre el ejército. - me interrumpió - Escúchame, sigue tus instintos y conseguirás ganar. Tu lo hacías antes, recuerda como eras, lo que hacías. Se una luchadora, no una princesa - me sonrió, acariciándome la mejilla al tiempo.

- No te prometo nada, pero haré lo que pueda. - me levanté y le bese en la frente. Acto seguido me dirigí a la salida, había vidas en juego y ahora todo dependía de mí y mi instinto.

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 20

Salí de la sala corriendo, no aguantaba verle sufrir tanto. Me dirigí a cualquier dirección y acabé fuera bajo un sol castigador. No podía sacarme de la cabeza los gritos de Zeev. Me quedé allí tirada, en la hierba al lado del arrollo, con los pensamientos en blanco. Intentando olvidar la escena tan desagradable que acababa de ver. No recuerdo cuanto tiempo estuve allí mirando la nada, oyendo sin oír mi alrededor... Ni cuenta me di de que alguien se sentaba detrás mía hasta que habló.

- Siento que me vieras así. - dijo Zeev.

Me sobresalté algo al oírle, pero intenté no demostrarlo. - Yumi, yo...

- No pasa nada. - le interrumpí. - No pidas disculpas por eso, me advertiste de que me fuera y no lo hice, fue mi culpa no la tuya.

- Suenas como antes...

- ¿Antes? ¿Cómo cuando me conociste en aquel bosque o cuando era yo la jefa de todo esto? - pregunté algo cabreada, a lo que la pregunta dejó un tanto sorprendido a Zeev- Oí lo que estabais hablando Anne y tu el primer día que vine aquí, o por lo menos el primer día que yo recuerdo estar en este lugar. - me giré seria para poder mirarle a los ojos y proseguí a hacerle una proposición que me había rondado por la cabeza durante mucho tiempo. - Cuéntame mi historia.

- Pero no se si te hará bien... - dijo evitando mi mirada y agachando la cabeza.

- Mira, estoy confundida y asustada porque no se quién soy. Estoy peor en esta situación. - protesté intentando convencerle -  No decidas por mí en esto. - susurré triste. No podía evitar el sentirme así... - Realmente me siento vacía por dentro, como si estuviera en el cuerpo de otra persona pero con mi misma cara. - continué con la voz mis pensamientos.

- Antes eras una persona dura, decidida, inflexible pero también respetuosa y cariñosa. Una luchadora - comenzó a relatar Zeev. - La vida no te trató bien y para contrarrestarla te convertiste en esa persona...

- ¿Cómo que la vida no me trató bien?

- Bien, empezaré por el principio. Tu padre era uno de los altos cargos del gobierno, un gran hombre y un gran padre. Lo admirabas muchísimo. Te había criado solo y te había convertido en una mujer dulce y amable a la que todos adoraban. Pero la crisis comenzó y el gobierno, con un nuevo presidente a la cabeza, cambió radicalmente. La gente comenzó a pensar de una forma que muy pocos toleraban y entre esa gente os encontrabais tu padre, tú y todas estas personas. - hizo un amplio ademán que abarcó al búnker, a las personas a las que se refería eran los rebeldes. - Tu padre al ser un hombre de poder tenía que mantener la postura y callarse, pero ni tú ni los rebeldes teníais que hacerlo así que protestabais por las injusticias cometidas sin importar las consecuencias de vuestros actos. Pero hubo una consecuencia que provocó que tu vida diera un vuelco de ciento ochenta grados. El gobierno ejecutó a tu padre públicamente como se hacía en la edad media. - su tono de voz era oscuro, igual que la expresión de su rostro.

Entonces, mientras relataba todo aquello, a mi mente acudían imágenes, pequeños fragmentos de memoria que recuperaba con gran dolor en mi corazón. Podía ver a un hombre con el rostro amable mirándome y sonriéndome con cariño; mucha gente en una protesta conjunta contra un gobierno corrupto; y una horrible imagen de aquél hombre colgado por el cuello, balanceándose en el vacío con la mirada perdida y los labios azules por la falta de oxígeno. El sonido de mi voz en un grito desesperado volvió a mí. Las lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro como aquel día.

- Lo recuerdo. - dije para sorpresa del muchacho. - Mi padre murió protegiendo una causa por la que yo peleaba...

No pude proseguir, puesto que en un rápido movimiento Zeev miró hacía una dirección y una espada se clavó entre él y yo. La espada de el Capitán. El arma le había hecho un corte en la mejilla a Zeev pero poco le importó. Me cogió de la mano y me levantó del suelo. Intenté alcanzar la espada pero él me lo impidió.

- No la toques. - tiró de mí y salimos como balas hacía dentro del búnker. - ¡¡¡Soldados!!! - gritaba Zeev para alertar a los demás.

En un giro de cabeza vi un grupo grande de personas uniformadas de blanco salir de los arbustos. Lo capitaneaban dos personas bien distinguidas. El Capitán McConaughey y otra persona vestida de blanco con muchos galardones en su chaqueta... ¿Will?

viernes, 27 de septiembre de 2013

Capítulo 19

Me pase varios días investigando un poco aquel lugar, con la ayuda de Julie, ya que no quería despegarse de mi.

Parecía un búnker que se hayaba en un bosque muy espeso. Lo habían camuflado de una manera impresionante. Consistía en una entrada grande y gruesa de metal que te introducía, mediante unas escaleras, bajo tierra. Al acabar los escalones te encontrabas otra puerta gruesa, de seguridad, supuse. Al franquearla entrabas en una gran sala diáfana. En el medio del techo se hayaba como un tragaluz, el cual estaba camuflado en la superficie mediante agua. El tragaluz se encontraba en el fondo de un pequeño lago colindante, era increíble. La sala estaba franqueada por todo puertas de metal, y detrás de cada una se encontraban las distintas estancias necesarias para la vida en aquel lugar.

Ese día nos disponíamos Julie, yo y Lya, una jovencita de procedencia hebrea a la que había conocido en mis primeros días allí, a salir al bosque a que la pequeña me enseñara las plantas y todo lo que tenía que saber para poder sobrevivir en el bosque cuando observé que Zeev se introducía en la única habitación en la que yo no había podido entrar a explorar.

- ¿A dónde va, Zeev? ¿Qué hay allí? - le pregunté a Lya.

- Ese es el laboratorio de Germán. - Yo a ese tal Germán no lo había visto aún, sólo me habían contado un poco de él: que era un viejo huraño, un antiguo científico del gobierno, y que estaba un poco loco. - No sé porqué va allí, supongo que a visitar al viejo. - se encogió de hombros quitándole importancia.

- Vale, pues voy a ver qué va a hacer. - dije ya dispuesta a cruzar el umbral. - Tengo curiosidad.

- La curiosidad mató al gato - oí la voz de Lya a mis espaldas.

"No, a mi no" me negué mentalmente a mi misma. Al franquear la puerta me topé con una habitación totalmente corriente, incluso tenía cierto parecido con la mía. Pero lo extraño es que no había nadie allí, nadie. Lo cual me dejo desencajada ya que Zeev había entrado en aquella estancia segundos antes que yo. Me puse a mirar por las esquinas o por cualquier lado por el que se puede haber escondido una persona de su tamaño.

- Espero que recuerdes que odio que toquen mis cosas, Yumi. - sonó una voz extraña detrás mía, la voz de una persona de edad avanzada. Me giré velozmente y allí plantado como salido de la nada se encontraba un hombre de pequeña estatura y encorvada figura. Su pelo canoso se hayaba despeinado y las arrugas del rostro estaban muy marcadas. Sus ojos castaños se encontraban escondidos detrás de unas gafas redondas. - Sígueme.

Sin mediar palabra se dio media vuelta y atravesó la pared cómo si nada, desapareciendo inmediatamente. Me acerqué a la pared y aproximé la mano con temor para tocar aquella extraña cosa. La toqué, o eso parecía porque sólo sentía que tocaba aire, es decir, no tocaba nada. Franqueé totalmente la pared y apareció ante mí una sala enorme toda llena de artefactos muy modernos. Miré a la pared y desde ésta perspectiva se podía observar que la pared era una especie de holograma proyectado, muy inteligente si no quieres que la gente husmee en tus cosas, sobretodo si tus cosas concierne un laboratorio secreto.

- No toques nada, niña. - me advirtió Germán desde atrás de una máquina. - ¿Estás preparado?

- No. ¿Por qué está ella aquí, Germán? - se oía la voz de Zeev en la posición de el anciano, así que rápidamente fui a ver. Zeev estaba atado a una especie de camilla. Nunca había visto unas tiras como aquellas, tenían pinta de ser durísimas y aguantar mucha resistencia.

- ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué estás atado hay? - pregunté.

- Verás, niña, si no hubieras sido tan... como eres tu, él no estaría así. - soltó Germán dejándome boquiabierta, lo cual provocó que mirara a Zeev en busca de una información más detallada.

- La espada de mi padre contiene una sustancia modificada, la única cosa que si entra en mi organismo, después de unas cuantas horas en él, me hace daño interno. - me explicó Zeev - Germán desarrolló un tipo de antídoto y me lo tiene que inyectar pero produce mucho dolor así que por si me desmadro me quedo aquí atado mientras dura la intervención.

- Decidió él lo de atarse. - dijo Germán. - Bueno, allá voy. - miré para el viejo y tenía agarrada en una mano una jeringuilla rellena de un líquido incoloro.

- ¡No espera! ¡Yumi, sal de aquí! -  no me dio tiempo a hacerlo, ya que Germán había hecho caso omiso a las súplicas del joven y ya le estaba introduciendo la aguja en el brazo.

El cuerpo de Zeev se contrajo o por lo menos lo intentó pero se lo impidieron las cuerdas. Su cara tenía una expresión de dolor insoportable. Tuve que apartar la mirada de aquel muchacho y taparme los oídos para no tener que oír sus gritos de dolor ¿Por qué me sentía tan sumamente mal cuando lo veía así? Tenía la sensación de haber visto a este chico sufrir y llorar de dolor en otra ocasión pero ¿Cuándo? ¿Y por qué éstos remordimientos?

jueves, 19 de septiembre de 2013

Capítulo 18

Siete años antes

Los entrenamientos comenzaban temprano y había que levantarse con el alba para que fuera un día fructífero en aquel agotador lugar.

El dormitorio ya bullía de movimiento a las seis de la mañana. Aún que los ojos le pesaban y el agotamiento era devastador, Jesse sabía que tenía que aguantar. Sus cualidades ignatas y su fuerte mentalidad le habían permitido llegar a lo más alto de su pelotón; pero él quería llegar más alto aún. Mientras preparaba sus cosas para el nuevo día, observaba las caras adormiladas de sus catorce compañeros que con las ojeras bien dibujadas en el rostro aún mantenían las legañas en los ojos y los pelos alborotados.


El sargento Guberrt entró en el dormitorio. Recto y firme esperó paciente a que todos los jóvenes le dedicaran un saludo militar. Miró los rostros cansados de los muchachos apostados cada uno a los pies de su catre mientras se paseaba ante ellos. Los veía tan firmes y elegantes que solo podía henchirse de orgullo por convertir a unos chicos comunes en verdaderos soldados.

- Descansen. - los quince jóvenes relajaron su posición pero no demasiado, seguían delante de un superior. - Muchachos, lo que os voy a proponer ahora mismo proviene de los cargos más importantes y con más poder de todo el gobierno. Por haber logrado ser los mejores de vuestra promoción os ofrecen la oportunidad de ser parte de "Titán". Según la información que me han mostrado es una especie de operación de alto secreto con la que podréis convertiros en super-soldados. - al pronunciar lo último alguno de los muchachos se miraron entre ellos con entusiasmo e ilusión. - No sé realmente en que consiste, pero sé que es una gran oportunidad si queréis ser alguien importante y triunfar en este mundo. Tenéis tres días para confirmar si participaréis en esto o no. Buen día muchachos. - dio media vuelta y salió del dormitorio.

En la sala se percibía una mezcla de emociones procedentes de los diferentes jóvenes. Se pasaba de entusiasmo a negatividad pasando por neutralidad y la duda de la mayoría. Los muchachos volvieron a sus quehaceres, eso sí, con la cabeza en otro lugar muy distante de aquella habitación.

- ¡Jesse! - se acerca Dani con sus ojos grandes y azules brillando de ilusión a la cama de Jesse, donde este se vestía para salir a entrenar. - Que pasada, tío. ¿Tu qué vas a hacer? Yo lo tengo muy claro. Voy a hacerlo.

- Qué rapidez tienes para decidir uno de los pasos más importantes de tu vida. - le dedicó una mirada simpática al adolescente de dieciséis años.

- ¡Claro que soy rápido! Estoy harto de ser el bajito, el débil. Quiero ser fuerte y grande. Como tu. - Dani era un niño rubio delgado y bajito para su edad. Se había logrado alistar al ejército debido a la gran suma de dinero que ofreció su padre, un banquero muy poderoso y patriótico, porque deseaba que su único hijo sirviera al país, a pesar de las bajas aptitudes del muchacho y su negativa de querer entrar en el ejército.

- Vamos peque, ¿fijo que es por eso? - Alan se acercó y le puso su gran palma de la mano a Dani en la cabeza.

- Pues sí, y no me llames peque, gigante. - se aparto de aquel chico de metro noventa, fingiendo estar indignado - ¿Y tu lo harás?

- Claro, pero no soy tan egoísta como tu, Daniel.

- Y ¿por qué motivos lo haces? - inquirió Jesse.

- Porque quiero fama y que las personas, sobre todo las chicas, disfruten de mi perfecto cuerpo y mi hermosa cara. - los tres rieron.

- Creído, nadie va a disfrutar más bien van a sufrir mirándote, en especial las chicas. - le picó Jesse a Alan.

- Chicos dejaros de charlas y vayámonos a entrenar que nos van a echar bronca. - les llamaron desde la puerta de la habitación.

- Gallager tiene razón. Vamos. - dijo Jesse. Al poco la habitación quedó vacía.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 17

Me era inconcebible que yo le hubiera cambiado la forma de pensar. Si ni siquiera sabía como pensaba yo misma.

- ¿Yo? Pero es imposible, yo no te conocí hasta aquella noche en el bosque. - rememoré aquella noche y aún me acordé del nerviosismo tonto que sentí.

- Realmente sabíamos el uno del otro desde pequeños, pero eso ya es otra historia. - me sonrió Zeev. No insistí, en esta ocasión me importaba más otro tema. - Aquella noche, la de la misión, - explicó - nos mandaron al sector 16, lugar donde se divisaron rebeldes y la misión consistía en acabar con ellos. Mi misión era la que conllevaba más riesgo. Tenía que acabar con su lider, y en cuanto lo hiciera tendría que ir matandolos uno a uno. - apretaba los puños y su expresión era cada vez más sombría - Cuando encontré y arrinconé a mi objetivo me dijo a punta de cañon: << Mátame, pero no acabaras con nuestros ideales y provocarás que esta espiral se vuelva más profunda e irreversible. ¡Piensa por ti mismo! Mira lo que te hicieron por querer mejorar al ser humano. Mataron a tus amigos. Son asesinos que se esconden tras un velo de leyes y ciencia. Matan a la gente que tiene poco, y lo sabes.>>. Esas palabras me abrieron la mente. Supe que luchaba en un bando en el que no me guataba jugar. Me habían destrozado la vida convirtiéndome en un monstruo por sus ansias de poder. No pude acabar con aquella persona. Le di mi arma y le dige que me disparara y huyera. Me miró con miedo y me dijo que no podía matar a una persona. Agarré el arma y me disparé en el pecho y la obligue a marcharse entre sollozos de dolor. Cuando mis compañeros y mi superior estaban muy cerca se marchó. Pero me llevó con ella.

- ¿Te raptó?

Soltó una carcajada pequeña y se relajó algo.

- Digamos que me dejé raptar. Me trajo hasta aquí y conocí a los rebeldes. Al verme una muchacha me llamó "Zeev". Lobo en hebreo. Me lo dijo por mis ojos poco comunes, o eso supongo, nunca se lo pregunté. Así pues decidí que Jesse se había muerto en aquella misión a causa de ese disparo en el pecho. Y me desprendí de ese nombre y pasé a llamarme Zeev. Un rebelde más. - se relajó definitivamente y se reclinó en la cama.

- Veo que te alegras de tu decisión.

- Si, pero perdí mucho por el camino.

Pero es que encontré un lugar en el que podía ser yo mismo. Sin dejar de amoldarme a los demás, sin querer ser nada más que un chico de veintiún años.

- Y lo conseguiste. - la dulce sonrisa de una joven se encontraba en el umbral de aquella habitación. Julie veía cogida de su mano. El cabello rubio de las dos, del mismo tono dorado, confirmaba mis sospechas de que compartían lazos sanguíneos. Aún que a mi parecer la muchacha se veía más joven que yo. - Yumi, me alegro que te hayas despertado. Espero que ya estés mejor, la verdad es que nos tenías preocupadísimos. Bueno, no se si me recuerdas. - negué con la cabeza - Soy Anne, la madre de Julie.

Dirigió a mi sus grandes ojos avellana y la niña se soltó de su mano y se subió a mi cama para abrazarme. Lo que provocó la sonrisa de todos los que nos ayabamos allí.

- Toy muy contenta de que ya no eztez domida. ¿Vienez comigo a ved nueztra caza?

- Julie, no se si estará lo suficientemente fuerte como para andar - dijo Zeev.

- Estoy bien, si me canso paramos y listo. ¿A que si?

- ¡Ziii! No te preocupez Zeev, yo me encago de cuidala. - anunció decidida Julie.

Me levanté y la niña tomó mi mano. Sin mucha prisa salimos de la habitación y entramos a una sala enorme y diáfana. A mis espaldas aún oía a Zeev y a Anne.

- Debes de estar muy contento. Ya está aquí otra vez - dijo Anne.

- Me costó traerla, pero no se acuerda de que es ella el pilar de todo esto. La que prácticamente creo a los rebeldes. Es la líder.

- Pero tu mismo lo has dicho, no se acuerda. El líder ahora eres tú.

- No soy el líder. Voy a devolverla a ser como era. La haré recordar cueste lo que me cueste todo. Y si tengo que dejarme la piel lo haré. No la voy a perder.

Lo que oía me estaban dejando patidifusa. Apenas sabía que era realidad y que no, y ya estaba metida hasta el cuello en una revolución en un lugar que no sabía nada de él. Si este mundo era el real ¿que estaría pasando para que yo me revelara de tal manera, en una lucha que obviamente estaba perdida? No sabía nada pero el ser humano es curioso así que, mientras la niña tiraba de mí hacía algun lugar desconocido para mí, mi mente formaba un plan para averiguar todo lo que pudiera de todo. Quería acabar ya de ser la pobre y perdida Yumi. ¿Quién era yo realmente? Iba a descubrirlo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Capítulo 16

Un suave beso en la frente me hizo abrir los ojos. Al abrirlos vi la dulce cara de Will mirándome con cariño.

- ¿No duermes más cómoda en la cama? - me dijo de cuclillas al lado del sofá, acariciándome el pelo suavemente. - Venga, vamos a cama.

Yo seguía medio dormida pero sabía que era la opción más sabia, así que accedí a su mandato y me levanté del sofá. Me tendió una mano que acepté inmediatamente, como un niño cansado que aferra la mano de su padre para no perderse por el camino a la cama. Cuando la fui a coger la mano de Will se me deshizo en mi mano; de repente las piernas me fallaron, la vista se me nublo y perdí de vista todo. Todo se volvió negro, el dolor me inundo todo el cuerpo y hacía frío. Mucho frío.


Poco a poco la luz fue penetrando hasta mis ojos y abrí lentamente los párpados. Me fui a mimar las heridas pero al tocarlas me di cuenta que hasta el más pequeño raspazo se había tratado. Mi brazo estaba sin la esquirla y vendado, ya apenas me dolía aún que me seguía notando débil. Me fijé en mi alrededor ¿En dónde me encontraba? Era una habitación sin ventanas, la luz que había se proyectaba de dos lámparas que colgaban del techo. Yo me encontraba en una de las tres camas que había en la sala. Parecía un hospital improvisado o una enfermería. Había estantes y armarios llenos de productos médicos.

La puerta de metal chirrió al abrirse. Detrás de aquella puerta salió una niña rubita y ojos curiosos.
- Yumi... - dijo aún detrás de la puerta. - ¿Ya puedo pazar? ¿O aún ziguez malita?

- ¡Julie! Déjala descansar. - me pareció oír la voz de Zeev desde detrás de la niña.

- Estoy despierta, no pasa nada. Pasa bonita. - invité a la niñita a pasar. Entró en la habitación como impulsada. Detrás de ella entró Zeev, no me equivocaba, era él. - Hola, - saludé a la pequeña. - tu nombre, si no me equivoco, es Julie, ¿no?

- Zi, pedo ¿te acuedaz o ez pod que ze lo oizte a Zeev?

- Se lo oí, que lista eres. - sonreí

- Entonzez zi que eztá malita como me dijizte - le dijo la niña mirando a Zeev. Pero él poco caso le hizo a la niña. Solo me observaba a mí con preocupación.

- Julie, vete a decirle a mamá que ya despertó, corre. - instó Zeev a la niña.
Esta asintió y salió corriendo. - ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

- No, estoy bien - le contesté seca.

- Estás enfadada, ¿qué hice ahora?

- No, bueno sí, algo. ¿Porqué me mentiste, Jesse? - su nombre lo pronuncié con un tono de rintitin.
- Osea, que Will ya te ha dicho que me llamaba así... - suspiró sonoramente y prosiguió - No te mentí. Mi nombre no es ese.

- Sí que lo es. Tu padre es un alto mando del ejército, de hecho no es que solo me lo haya dicho Will es que ya lo he conocido en persona, y tu eres o fuiste soldado. Te recuerdo todo vestido de uniforme y no con cara de buenos amigos.

- Fui. - suspiró y se sentó en la cama contigua a la mía. - Mi padre siempre tubo un papel importante en el ejército. Cuando era pequeño veía a mi padre como un héroe, que salvaba a la gente y protegía una ciudad, así que seguí sus pasos y entré en el ejército. Me entrené para ser el mejor soldado que tendría jamás mi padre en el pelotón. Y lo conseguí. Mi constitución y mi agilidad mental me permitieron en tres años ser el mejor de mi año, seguido por el hijo del presidente. Por fin vi a mi padre y a sus camaradas hinchados de orgullo diciéndome: "Jesse, muy bien hecho. Eres toda una promesa". - en su mirada se reflejó la alegría que sintió al rememorar esos sucesos. - Y entonces nos propusieron a los mejores de nuestra promoción convertirnos en super - soldados. De 15 aceptamos 5. Hoy en día doy gracias a Dios por que sólo fuéramos nosotros. Nos hicieron muchísimas pruebas. Cosas que hasta me cuesta recordar. Experimentaron con nosotros y el único que salió de aquella sala fui yo. Lo que recuerdo de ese día es dolor. Muchísimo dolor por todas las partes de mi cuerpo y la sangre corriendo. Ya no se si era la mía o la de mis amigos y compañeros que se encontraban empapados en ese líquido rojo, con la mirada perdida, pálidos y fríos. También recuerdo la mirada de mi mejor amigo mirándome desde un especie de palco que había en aquel laboratorio. Le odiaré desde aquella vez. - apretó los puños al mencionar todo aquello. La historia que me contaba era oscura y dolorosa. - Mientras yo llegaba al punto de llorar, retorciéndome de dolor por lo que estaba ocuriéndome; él me miraba con asco desde las alturas. Me sentí un insecto al que miraba para pisarlo y destrozarlo. No me podía creer que le gritara que me ayudara y lo que le dijo a los científicos fue que me ignoraran y siguieran con el experimento al precio que fuera. Cuando me desperté estaba en el hospital militar y mi madre se encontraba a mi lado, llorando por si no volvía a despertar. Mi padre entró en la habitación un rato más tarde con un montón de altos cargos del gobierno. Me inspeccionaron a conciencia y todos y cada uno de ellos me dijeron que era todo un prodigio y que felicidades por haber sobrevivido a aquello. Sus palabras me daban igual, yo seguía viendo a mis compañeros allí muertos. - la mirada no la separaba del suelo, se notaba que no estaba cómodo hablando de aquello pero yo no lo detenía porque quería saber su verdadera historia. - Yo reconocía que a pesar del daño psicológico hecho, la mejoría física era insuperable. Apenas me cansaba, las heridas se me curaban en segundos y la rapidez, agilidad y fuerza de mis movimientos era inhumana y disfrutaba con todo aquello. Muchos meses más tarde mi padre me llevó a la primera misión después de la intervención. En aquella misión conocí a alguien que cambiaría mi vida por completo, haciendo que me uniera a una rebelión inexistente en mi vida en aquel entonces y provocando que Jesse muriera y naciera Zeev, un rebelde  con una razón para vivir que no fuera obedecer órdenes.

- ¿Quién? - pregunté curiosa.

- Tú - dijo levantando la mirada y mirándome a los ojos.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 15

Corrí lo más rápido que me dieron las piernas y aún que la velocidad era considerable cada vez la notaba más pesada en mis brazos mientras corría. Estaba perdiendo demasiada sangre por aquel brazo.
"Rápido Zeev, más rápido o la perderás" me decía a mi mismo.

Las piernas y los brazos ya casi ni los sentía. Divisé a lo lejos la entrada del búnker. El búnker era una base rebelde en la que nos escondíamos. Era subterráneo así que lo único que se divisaba desde allí era la puerta de metal blindado. Miré el rostro de Yumi, estaba aún si cabe más pálido que la última vez que lo había mirado.

- ¡Aguanta! Por favor, Yumi. Sigue aquí conmigo. Te pondrás bien. Ya estamos cerca. - le dije aún a sabiendas que ni ayudaría a la situación ni obtendría alguna respuesta. - ¡¡Ayuda!! ¡Germán, ayúdame! - le grité al ver al viejo haciendo guardia en el portalón.

Germán era un viejo científico huraño paranoico que se decidió construir un búnker en medio de un bosque para proteger sus investigaciones del gobierno. Cuando decidió unirse a la rebelión contra el gobierno ofreció su morada, la cual todos los rebeldes aceptaron con gran alivió ya que se quitarían al ejército de encima durante una temporada y estarían tranquilos. Aún hoy día dice que odia a las personas y es insoportable pero se le coge cariño a su manera.

Al verme corriendo y gritándole soltó el arma y me abrió el portalón. Al oír el jaleo que estábamos montando Lya salió fuera y al ver lo que ocurría ya ni una palabra dijo.
Lya era una joven hebrea de la que poco se sabía. No era muy habladora, la verdad. Lo único que se sabía era que perdió a toda su familia por medio de experimentos del gobierno. Odiaba a los científicos y juró por su vida que les arrancaría la vida igual que hicieron con sus padres. Se le daba muy bien la medicina y era una forofa de la fauna y de la flora.

Cogieron a Yumi entre Germán y Lya arrebatándomela de mis brazos cansados y se la llevaron adentro. Los intenté seguir pero Lya me paró en seco.

- Tu quédate aquí y toma el aire, ella estará bien. - y se adentraron en el búnker sin dejarme seguirlos. Me quedé allí solo. La verdad es que estaba cansado. Eso me recordaba a los entrenamientos de mi padre cuando aún era de su pelotón. Quería que fuera el mejor así que me entrenaba hasta que casi el desmayo. Después de que convirtieron en lo que soy, un "super-soldado" según mis creadores, la resistencia me aumentó así que apenas me canso.
Pero llevaba días sin dormir y apenas había comido y la carrera no me había sentado muy bien. Era lo que pasa cuando te alejas durante un tiempo de la base.
Decidí tumbarme en la hierba cerca del arrollo. Tenía que descansar, aún que apenas podía cerrar los ojos sabiendo la situación de Yumi.

- ¡Zeev! Haz vuelto - de repente un rostro dulce y pequeño de asomó a mi cara y sus pequeñitas manos se posaron en mis mejillas. - Estaz algo zucio. ¡Mami, mira encontré a Zeev! - llamó Julie a su madre Anne y esta al oír la llamada salió de entre unos árboles un poco más lejanos.

Anne tubo a Julie ya dentro de los rebeldes. Tenía la temprana edad de 15 años un soldado borracho la maltrató y la violó, dejándola tirada, sangrando y traumatizada. Sus padres desaparecieron cuando era pequeña, así que se crió sola por las calles pero despúes de aquello no sabía como continuar, vivía con miedo continuo. Y llegó al punto en el que se encontró sin una miga de pan que llevarse a la boca, sin hogar y aún encima embarazada. Cuando encontró a los rebeldes o más bien ellos la encontraron, según cuenta Anne, encontró un remanso de paz en donde estar tranquila y poder criar a su hija. Encontró una familia, un hogar.

- ¡Zeev! - Se me lanzó encima y me dio un fuerte abrazo. - ¿Qué tal estás? ¿Bien? ¿Lo conseguiste? ¿La trajiste de vuelta? - se separó de mí y me miró detenidamente sin apenas dejarme tiempo a responder a sus preguntas. - Dios mio, que pintas tienes. Deberías ir a darte una ducha, te sería lo mej...

- ¡Anne! Relájate. - la interrumpí - Estoy bien. Y sí, Yumi está dentro - la cara de la joven se iluminó, igual que la carita de la niña de cuatro años que había a su lado. - Pero tuvimos problemas por el camino y ahora supongo que estarán con ella Germán y Lya. - la voz me salió más sombría de lo que me hubiera gustado pero estaba muy preocupado por Yumi.

- ¿Yumi eztá malita? ¿ze va a morir? - preguntó inocente Julie. La alcé en mi regazo y la abracé.

- No, claro que no. Tu sabes que Yumi es muy fuerte. Pero si que está malita. No nos recuerda. Así que tenemos que hacernos otra vez sus amigos. Tenemos que hacer que recuerde. ¿Me ayudas a lograrlo, Julie? - le dije a la niña.

- ¡Clado que zi! - asintió la niña entusiasmada. Sus ojos marrones resplandían bajo la luz del sol de la tarde.

- Zeev, debes de estar cansado. Vamos dentro. Descansarás mejor. - me comentó Anne con voz dulce. - Nos enteraremos más de lo que ocurre con Yumi y además Alec y Tomás querrán verte.

Alec era un traficante de armas buscado por todo él país. Al principio se unió a la rebelión por conveniencia, se le daba cobijo y comida y él proporcionaba armamento para defenderse. Después de pasado un tiempo con los rebeldes comprendió su causa y comenzó a luchar por defenderla. Se convirtió en uno más.

Tomás era un muchacho joven con gafas aficionado a los ordenadores. Desde siempre fue un genio de la informática. Se libró por poco en un ataque de los rebeldes de ser una rata de experimentos más gracias a los rebeldes, así que se unió a ellos. Aún que no tuviese fuerza ni cuerpo suficiente como para la lucha su cerebro lo suplía en la batalla, haciendo de él y sus estrategias un pilar base de los rebeldes.

A la petición de su madre miré a Julie preguntandole con la mirada, la niña asentió. Saltó al suelo y nos levantamos de la hierba y nos pusimos en marcha para a dentro del búnker. De camino sentí la pequeña mano de Julie cernirse sobre la mía. No recordaba lo bien que se estaba en casa aún que me estuviera carcomiendo por dentro la preocupación de que si Yumi estaría bien.

sábado, 24 de agosto de 2013

Capítulo 14

Volví pensativa a casa, cavilando todo en mi cabeza. Era mucho en lo que pensar. Mi historia sobre pasaba lo irracional. En un extremo un mundo pos-apocalíptico, militares persiguiéndome, dolor, pánico, un joven prácticamente inhumano del que solo descubro medias verdades. En el otro extremo una vida tranquila, tengo mis achaques pero no es nada grave, un novio guapísimo que me cuida con cariño y del que puedo confiar plenamente. ¿Cuál es el sueño y cuál la realidad? He hay mi dilema. Por conveniencia me gustaría más pensar que la vida con Will era la realidad. Pero algo me decía muy dentro de mi, como una voz interior encerrada en lo más profundo de mi cerebro que gritaba desesperada pero sin que nadie la pudiera oír, decía que aquello era mentira. Era una impresión que me hacía pensar que la vida junto a Zeev no era mentira, ni siquiera un sueño, que era completamente real. Realmente necesitaba que un especialista me mirara el cerebro y volviera a conectar el cable que se me había desconectado.

Llegué a casa y seguía estando el hogar vacío, no había nadie allí, Will no había vuelto. Me tiré en el sofá ya que la cabeza me estaba matando y me dolía el brazo izquierdo, justo donde se me había clavado la esquirla del mueble. Cansada cerré los ojos y me dejé mecer en los brazos de Morfeo. Un sueñecito hasta que volviera Will no hace mal a nadie.

Todo borroso, luces cegadoras pasando sobre mi a una velocidad pasmosa.

- ¡Aguanta! Por favor, Yumi. Sigue aquí conmigo. Te pondrás bien. - sonaba la voz de Zeev en mi cabeza. -  Ya estamos cerca.

***

- Señor, está en proceso de eliminado  del HDC del cerebro y lo está haciendo más rápido de lo que pensábamos. Como no se la encuentre lo antes posible poco vamos a poder hacer para seguir controlándola. - informó el científico mientras miraba los gráficos del monitor.

- Pues haz lo que haga falta para que eso no ocurra. - ordenó la oscura figura detrás del trabajador.

- Si, señor, haré lo que pueda. Mandaré a todo el equipo trabajar en ello.

- De acuerdo.

El Capitán McConaughey se acercó con paso acelerado al ente que dirigía todo aquello junto con dos de sus soldados. Sus trajes blancos impolutos estaban manchados de tierra y polvo e incluso en el del Capitán se ayaban unas cuantas gotas de sangre.

- Mi señor Gallager. Encontramos a la muchacha, se encontraba en el cuadrante 20 de la zona vieja. - explicó el Capitán.

- Y me puedes explicar porqué no la veo aquí contigo.

- Lo sentimos muchísimo, señor Gallager, no estaba sola y escapó.

- Capitán McConaughey, su hijo está siendo un pequeño mosquito al que hay que aplastar y si no lo hace usted lo haré yo. - dijo Gallager dándose la vuelta para observar un monitor de una maquina vacía roto. - Envíe un pelotón más grande. Yo también me uniré. A la vuelta quiero aquí a Yumi y la cabeza de su hijo. - su voz se tiñó aún más de oscuridad que antes.

viernes, 23 de agosto de 2013

Capítulo 13

Pasamos la mañana juntos, Will apenas se separa de mí. Hacemos la comida juntos, realmente parecemos una pareja. Por la tarde se tubo que ir a hacer unos recados así que me quedé sola en casa con mis pensamientos.

- Yumi... Si t apetece salir, sal. No es que me encante pero no puedo encerrarte, se que te gusta estar fuera. - dijo seriamente antes de salir - Me he comportado como un imbécil controlador y...

- Entiendo tu reacción y no te lo tengo en cuenta; estabas preocupado y yo no hacía más que ir por mi cuenta. - le interrumpí.

- No es disculpa. Prometo no fallarte nunca más. - se acercó para darme un beso en la frente, como solía hacer, pero esta vez fuí yo la que busco el roce de sus suaves labios; el calor de su cuerpo en aquél abrazo; ese cosquilleo en el estómago que me hacía perderme en el tiempo. - Por cierto, - mencionó al separarnos - las gracias te las doy yo a ti, por existir y darme una razón para continuar. - Me besó otra vez y se marchó.

Era encantador, todo principe que necesita una princesa. En cambio Zeev o Jesse, como quiera Dios que se llame, era caballero pero uno no de corcel blanco, sino de guerra. Todo con él era correr, esconderse, pelear. Vivir una mentira o una red de medias verdades en las que no sabía cual era realmente mi posición. Era tan extraño cuando me encontraba a su lado. El miedo invadía mi ser a cada instante. Era bipolar o algo así porque no ha existido ser que me tubiera más confusa que él. Pero Will era completamente transparente, no tenía ninguna duda de que él era mi mundo, de que con él llegaría a ser muy felíz.

Despúes de estar un buen rato sin hacer nada me decidí a ir a la ciudad a redescubrirla, puesto que pocos recuerdos guardaba de ella. Pasó por mi mente la idea de esperar de esperar por Will. La descarté. Yo no era una damisela en apuros, me sabía defender. Además si no me adentraba en zonas oscuras, como callejones, andaba por lugares bastante transitados y volvía antes de que anocheciera no me ocurriría nada.

Me vestí y salí de casa dispuesta a  irme de expedición. La ciudad no se encontraba muy lejos de mi casa pero lo suficiente como para tener que ir en algún tipo de vehículo. El autobús era el transporte más económico y el más práctico. Cuando monté en aquél transporte público no era exactamente como yo recordaba. Las ruedas eran completamente redondas, esferas. El diseño era impresionante. Pero no pasaba únicamente con el bus, sino que todo se volvía cada vez más y más tecnológico y moderno a medida que avanzabamos hacía la ciudad. A pesar de mi ilusión y entusiasmo en algún punto de mi cabeza algo me decía que lo que estaba viendo no era bueno. Obvié esa vocecilla y disfruté de lo que tenía delante.

Todo lo que pasó por mis ojos aquella tarde era impresionante. Luces, altos rascacielos, edificios enormes construidos de metales brillantes y de vidrio, monumentos imposibles, tecnología por doquier... Todo aquello y más componía una ciudad enorme y preciosa, como no se ha visto jamás. Me sentía como el ser más pequeño del mundo. Todo era exagerado y hermoso. El estilo exuberante y extrovertido convertía a los ciudadanos en peculiaridades andantes con sus tacones altos, sus colores chillones y sus estrafalarias vestimentas, pero que no quedaban atrás con respecto al lugar donde vivan.


Como todos los caminos llevan a Roma, acabe delante de la mayor empresa científica y con mayor poder de la ciudad. La empresa que se hizo con el poder y construyó a su al rededor esa ciudad que tanto me cautivó. Festung Company. El edificio se alzaba imponente en el centro de la ciudad. Miré a través del cristal. La organización del interior era sorprendente. Al observar detenidamente me di cuenta que había milicia de la que había visto en aquella habitación con Zeev estaba aposentada en cada puerta. Algo muy gordo tenía que haber en aquella sucursal como que para el ejército estuviera allí vigilando y me daba que todo lo que me estaba pasando tenía algo que ver con eso, pero ¿que sería?

martes, 30 de julio de 2013

Capítulo 12

Caminamos deprisa, aunque no lo suficiente como para agotarnos en condiciones normales pero no nos encontrábamos en dichas condiciones. Yo estaba perdiendo mucha más sangre de la que había pensado. Me empezaba a marear, pero Zeev no disminuía la marcha. Supongo que notó que casi me llevaba a rastras por lo que en un fuerte y rápido movimiento me aupó en sus brazos.

- Por favor, Yumi, aguanta. Por favor... - el sonido de su voz se hacía lejano. Mi visión era borrosa, la cabeza me dolía y el bamboleo del rápido paso que llevaba él no ayudaba. ¿Lo que pasó a continuación? Negro.

¿Habría muerto desangrada? ¿O estaba inconsciente? No lo sabía. Lo único que podía sentir con perfecta nitidez era un dolor de cabeza impresionante. Abrí poco a poco los ojos. Buen paso, eso demostraba que no estaba muerta. Me encontraba en una cama. En mi cama. Miré a mi alrededor, todo estaba igual a excepción de la silla a la vera de la cama con un muchacho rubio sentado en ella. Will estaba dormido sentado en la silla con la cabeza sobre la cama cansado de esperar mi despertar. Era tan tierno. Parecía un pequeño niño dormidito en el regazo de su madre. No pude contener el impulso de acariciarle la mejilla. Era suave y cálida. Abrió sus ojos verdes con lentitud. Sonrió tranquilo y tomó mi mano con cariño manteniendola en donde se encontraba.

- Hola - le saludé.

- Yumi, menos mal. - se incorporó lentamente y me abrazó. Sentí algo como cuando abracé por impulso a Zeev. Una sensación se alivió porque no estás sólo. Está alguien contigo. - Como te volvieras a ir de mi lado me moriría.

- Ya te dije que no me iba a ir- sonreí. Le apreté más fuerte en aquel abrazo, no me quería mover, separarme de ese muchacho pero tenía algo que mi cerebro deseaba saber sin demora alguna así que me separé lo suficiente como para poder mirarle a los ojos y continué hablando. - Will, ¿qué pasó? Me refiero a el ataque de aquel muchacho, cuando me desmayé. - pregunté seria.

- La verdad es que fue todo muy rápido. No podía ver cómo el personaje ese te estaba tratando. Me cabreé y no pude evitar el lanzarme a partirle la cara. Te tiró y te quedaste hay tirada, en el suelo, lo que hizo que me asustara y no se... Era más fuerte que yo pero le sorprendió mi reacción así que cuando nos dimos separado él salió corriendo, como siempre hace.

- ¿Lo conoces? - le interrumpí.

- Si, su nombre es Jesse. Es el hijo de un alto rango del ejército. Fue un gran soldado pero le entraron aires de grandeza y traicionó a su patria por un ideal estúpido. Lo que le hizo perder todo lo que tenía. Ahora anda por las calles como un vagabundo fugitivo. - me explicó tranquilo.

¿Jesse? ¿Por qué me había mentido? Yo no sabía nada de nada y él se dedicó a mentirme hasta con su nombre ¿Cuánto más de lo que me había dicho era verdad? Ya no le podía creer. Un sentimiento de desilusión invadió mi corazón. No sabía porqué me sentía así. Tampoco lo conocía tanto como para que me doliera tanto que me hubiera mentido. Entonces miré a los ojos verdes que me miraban con curiosidad preguntándose que si seguía en este mundo. Ese chico que no me había dado dolores de cabeza y que cuando lo he nesitado había estado hay ayudándome.

- ¿Estás bien? - preguntó acariciándome la mejilla.

- Si, gracias por todo Will - dije dejándome llevar por el roce de su suave mano contra mi piel.

Capítulo 11


Allí me encontraba yo. Tirada en el suelo con un brazo inservible, casi desmayada del dolor y con el corazón en un puño por la pérdida de la única persona que sabía lo que me ocurría en realidad. Zeev había sido atravesado con el arma de su propio padre y había desaparecido, dejándome sola y sin saber que hacer.

Un fuerte agarre se cernió a mi pierna y me arrastró hacia aquel agujero que me sacaría de aquella pesadilla o me llevaría a otra peor, aunque peor de lo que me sentía en ese momento jamás me volvería a sentir. Me deslizé por el como si fuera un tobogán cayendo finalmente en un gran montón de ropa vieja y llena de polvo, como abandonada. Supuse que me habría caído por un viejo conducto de lavandería. Miré a lo que me había llevado a aquel lugar, ese agarre misterioso. Era Zeev.

- ¿Estás bien? - me preguntó preocupado.

- Idiota. - las lágrimas empezaron a brotarme de los ojos. Me lancé a abrazarlo. No era normal en mí que hiciera algo como eso, pero yo ya no sabía lo que era normal o no, así que me dió igual. - Ya van dos veces que te me mueres. No me vuelvas a dar un susto así.

- Lo siento. - sentí sus brazos rodeándome la cintura. - Lo siento muchísimo. - Me juntó más a él con mucho cariño. - Me asusté cuando hiciste esa tontería. - me quejé al poco contacto que tuvo con mi brazo herido. Me separó rápidamente y observó mi brazo con culpabilidad. Aparté mi brazo y fui en busca de esa herida de espada que a cualquiera le habría impedido volverse a levantar.

- Estoy bien - le dije rotunda - A mi no me han clavado una espada. Tenemos que encontrar algo para taponar la herida, sino morirás.

- No, Yumi. No me pasa nad... - le saqué la camiseta manchada de sangre dejando al descubierto su torso desnudo. Intentó resistirse pero esa pequeña disputa la gané yo.

Era el cuerpo más perfecto que vi en mi vida. Tenía pequeñas cicatrices que se notaban al tacto. Y en vez de la gran herida que yo me había imaginado solo había un pequeño corte.

- No es posible,  vi como te sobresalía la punta de la espada. Te atravesó - le miré a los ojos pidiendo explicaciones.

- Soy una rata de laboratorio, recuerda. Puede que me quedara algo traumatizado con lo que vi allí pero también tiene su lado bueno. Soy capaz de moverme más velozmente que una persona común y me curo muy  rápido. Pocas cosas pueden hacerme daño. - Me explicó mientras volvía a vestirse y volvía en busca de mi brazo para observar el daño provocado por la esquirla del mueble. - Aquí no es conveniente curarte, no es muy limpio sacarte esto en un lugar que nadie a pisado en años. Vamos, aquí no nos podemos quedar. - me cogió de la mano y empezamos a caminar para salir de aquel lugar.

Me aferré a ese agarre como si me fuera la vida en ello. Zeev lo notó y me pasó el brazo por encima y me besó la frente. Realmente no sabía porqué me sentía así; era como si me costará separarme de él, pero al mismo tiempo era el muchacho que quiso acabar con mi vida. Pero esos ojos dorados mirándome con tanto cariño y preocupación por cualquier rasguño que podría haberme hecho, no se, me provocaban una extraña sensación de alivio porque esté a mi lado. Era como un sentimiento enterrado y destinado a seguir viviendo dentro de mi misma; borroso e inalcanzable.

miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo 10

En medio de aquel amasijo de balas volando y polvo levantado, en plena carrera hacia la salvación recé a cualquier cosa que pudiera escucharme para que obrara el milagro de que pudiéramos salir de allí vivos y a poder ser lo más enteros que se pudiera.

No pude ver lo que hacía Zeev, pero por lo que se oía no debía de ser muy agradable a la vista. Continué mi carrera hacía la salvación con un nudo inmenso en el estómago por culpa del bienestar de mi compañero. Pero si quería que saliéramos vivos y prácticamente enteros tenía que centrarme en mi objetivo que consistía en abrir un paso para poder salir de allí. Al llegar al mueble que taponaba nuestra salida lo empujé con todas mis fuerzas pero no se movió ni un ápice. Me cubrí con un sillón para evitar que los disparos me alcanzasen. En ese momento aproveché para ver el complicado baile fugaz que mantenían Zeev y el General. Se movían con mucha rapidez y agilidad. Zeev se había hecho con una barra de metal, o algo así, y bloqueaba con gran maestría los envistes de su padre. Las chispas volaban en el aire en cada beso que se proferían los metales a su encuentro.



El ambiente estaba cargado del olor a pólvora, proveniente de las armas que disparaban a mi ubicación sin apenas darme un segundo para respirar. Entonces una imagen se abrió paso por mi mente rápida y veloz. Era como un flashback en el que me encontraba en una situación muy parecida, disparos, chispas... Pero la mayor diferencia era que Zeev no iba en mi bando, sino que en el contrario. Su arma apuntaba hacia mí y su tez morena era resaltado por el uniforme blanco que llevaba puesto. ¿Era un soldado? No me lo podía creer. Aunque esperé a que solo fuera un vil engaño de mi mente.

Dejé mis ensoñaciones para otro momento más oportuno y me propuse embestir aquel asqueroso mueble con todo lo que tenía para poder moverlo pero me detuve. Los soldados habían obtado por usar munición más potente, pero no la usaban contra mí. Disparaban contra Zeev. Intenté observarle mejor pero no pude, ya que se movía con una velocidad inhumana. Pero eso no impedía que las balas le dañaran. Solo pensaba en que tenía que sacarlo de allí ya. Y mi mente se iluminó. Puede que yo no sola no podría apartar aquel mueble, pero los soldados con sus armas sí.

- ¡¡Eeh!! - grité con todas mis fuerzas, delante de aquel armario. Los soldados dejaron de disparar a Zeev y se giraron en mi dirección, armas a punto para matarme sin demora.

- ¡No! - Zeev se había vuelto hacía mi al tiempo que los soldados, descuidando su retaguardia. El General aprovechó ese momento para introducir su larga espada en el costado de Zeev. Gritó de dolor, pero poco más pude ver y oír, puesto que un soldado apretó el gatillo de su arma y un proyectil viajó a toda velocidad hacia mi posición. Me tiré al suelo y tal como había planeado el mueble se quedó reducido a trozos, que se esparcieron por el suelo haciendo un ruido metálico. Sentí un fuerte dolor en el brazo izquierdo. Observé la fuente de aquella molestia y vi que una esquirla de aquel mueble de metal me había alcanzado y lo tenía clavado en mi brazo. El dolor era insufrible y me dolía horrores el hacer cualquier movimiento, debía de tener ese trozo bien clavado. Mi brazo estaba teñido de rojo brillante. Se me pasó por la cabeza que pudiera perder mucha sangre por si hubiera perforado alguna vena importante, pero por la cantidad de sangre no me moriría por aquella herida. Después de ver que sobreviviría miré hacía la salida para ver que tal había salido el plan, bingo. Había sido todo un éxito, allí se encontraba un hueco lo suficientemente grande para salir por él.


Con el corazón en un puño me volví para ver que había pasado con Zeev. Pero ya no estaba donde lo había visto por última vez. En esa parte de la habitación se escontraban los soldados, disparando hacía el lugar en donde estaba yo, y el General. Este se encontraba impertérrito, sereno, con la espada, chorreante de sangre brillante y fresca, baja; como si ya diera por terminado aquel encuentro. No vi a Zeev por ninguna parte. ¿Donde estaría? ¿Habría muerto? ¿O me abría abandonado a mi suerte?

martes, 18 de junio de 2013

Capítulo 9

- Cuando empezó esta era tecnológica empezó en su gran auge, una especie de tiranía en la que los científicos tienen el poder y lo utilizan para investigaciones, en ocasiones nada éticas, se desarrolló. - comenzó Zeev a relatar, aunque la última parte lo dijo en un tono oscuro. - Y la cosa empeoró cuando el Doctor Damon Gallager se convirtió en presidente. La clase media se empobreció rápidamente y la clase baja era utilizada como ratas de laboratorio. - estaba tenso y por poco las manos le sangran de lo apretadas que las tenía.

- Pero no lo entiendo. ¿Cuándo ha pasado eso? ¿pasó cuando estaba en coma?- le interrumpí.
Me miró largamente y con profundidad. Sabía algo que le daba mucho miedo decirme por alguna extraña razón. No se si sería por el bien de mi salud mental o por mi salud física, pero en todo caso prefería acabar con esa horrorosa sensación de ser la persona que menos sabe en todo el mundo, esa sensación de ignorancia total. Puede que si me dice lo que deseo saber acabe mal pero, al fin y al cabo, la curiosidad mató al gato.

- Así que eso es lo que te ha dicho - Zeev rió amargamente. - La verdad es que se lo ha montado muy bien.

- ¿Quién? ¿De que estás hablando, Zeev?

- Escucha, lo que te está ocurriendo es a causa de una obsesión por un lunático pervertido. Esa persona es la que le ha dado la vuelta totalmente a tu vida. Yo perdí por su culpa muchas cosas, y juro que se lo voy a hacer pagar. - me agarró las manos con cariño, y me hizo esa especie de promesa que yo aun no entendía.
Su proximidad ya no me aterrorizaba, de hecho tenía el sentido contrario, aunque mi cerebro me gritaba desesperadamente que eso era peligroso. Era muy extraño estar junto a él. Todos los sentimientos que sentía cuando estaba con él eran contradictorios. No sabía el porqué pero Zeev era la horma de mi zapato. - No debo decirte más. Sé perfectamente la impotencia que sientes pero tienes que hacer las cosas por ti misma y descubrir lo que te ocurre, ya te lo dije de otra vez...

- Es irritante cuando una rata como tu habla demasiado. Me cabrea mucho, 666. - la voz era oscura y muy profunda. Salieron de las sombras unas figuras de un grupo de hombres de blanco nuclear y con una especie de armas que parecían que con ellas podrías destrozar una montaña. El hombre que había hablado era el que parecía el jefe. Era de un tamaño considerable, era muy robusto y de cabello azabache como Zeev. El sujeto no llevaba una pistola como los demás, sino que llevaba una espada o algo así. - Sabes que le tengo que llevar tu cabeza y a la chica al Señor Gallager, si no también pedirán la mía.- estaba aterrorizada no, lo siguiente. ¿Quién me quería y por qué? Zeev estaba colocado entre el gran hombre y yo, haciendo de escudo. - Lo siento, si te hubieras estado quieto hace mucho no estaríamos en esta situación.

- Si no me hubierais usado como experimento tampoco, padre. - dijo Zeev con la voz que irradiaba el odio y el desprecio mayor del mundo. ¡¿Experimento?! ¿Su propio padre le quería matar? - Y además tu mismo fuiste uno de los que me creó y sabes perfectamente que no vas a poder cogerme ni vivo, ni muerto. Aunque seas General del ejercito, sigues sin poder atrapar a tu propio hijo.

- Cierto, pero ahora no sólo escapas tu, tienes a un polizón. - dijo apuntándome con la punta de la espada. Zeev extendió el brazo para evitar un posible ataque. - Aparte no es necesario atraparos a los dos a la vez, puedo hacerlo por separado. - la mirada del hombre se ensombreció y comenzó a adoptar una posición de ataque. Lentamente Zeev se preparaba para salir huyendo de allí. Yo no sabia que hacer, lo único que pude hacer fue buscar una salida con la vista, pero no vi nada.

La misma sensación que me inundo el alma y el corazón cuando "Zeev" nos había atacado estaba volviendo a correr por mi sangre invadiendo cada parte de mi cuerpo con desesperación y miedo. La sensación de impotencia  me hacía caer en una espiral de sensaciones horribles. Me quería derrumbar, tirar en el suelo a llorar y gritar que por favor no me mataran ni me hicieran nada; pero no podía hacerlo, no debía dejar que esos desconocidos vieran que era débil, no lo era. Trate de autoconvencerme de que así era, y por lo menos pude pensar con más claridad para darme cuenta de que sí habia una salida. Miré hacia Zeev y observe que pensabamos lo mismo. Detrás de un armario se veía luz, un agujero, era la salida. Intercambiamos una mirada, no se aun el porqué pero le entendí perfectamente. Mi trabajo consistía en correr hacia el hueco mientras él distraía a los atacantes.

Pasó muy rápido, Zeev se lanzó contra el General. Yo corrí lo más rápido que me dieron las piernas. Sentí las balas rozándome el pelo. El caos abatió la habitación sin remedio... ¿Saldriamos vivos de allí?

lunes, 3 de junio de 2013

Capítulo 8

Abrí los ojos lentamente, me dolía la cabeza del golpe, así que cada movimiento que hacía era como si me clavasen mil cuchillos en el cerebro. Cuando se me despejó la vista vi a un muchacho dormido enfrente mía, los mechones azabaches que le caían por la cara le daban un aspecto si cabe más infantil. Pero no era cualquier muchacho, era el mismo que me había intentado asesinar y que ahora dormía tan plácidamente agarrado a mi cintura como si no pasara nada.

No, como si no pasara nada no. ¿ Y si volvía a intentar matarme? ¿Y si pasaba algo peor? ¿Y si...?
Lo único que sabía es que no tenía a nadie para defenderme en ésta ocasión y que no me iba a quedar a averiguar que pasaría. Me aparté de Zeev con el máximo sigilo que pude, pero aún así lo notó. Se incorporó rápidamente y sacó un cuchillo con tal velocidad que si mi mente estuviera más tranquila me hubiera preguntado de dónde lo había sacado. Pero en esos momentos estaba tan sumamente asustada que lo único que pensaba era que mi vida se acabaría en ese instante, como seguramente habría pasado con Will. Grité e intenté apartarme lo más que pude pero una pared impedía mi escape, lo que me puso más nerviosa.

- Tranquila - Zeev guardó el cuchillo mientras avanzaba hacia mí. Grité aún más y se detuvo en seco. ¿Qué pretendía, acercarse haciéndose el bueno y después atacarme con el cuchillo? - Yumi, no te voy a hacer nada.

- ¡¿Nada?! ¿Tu a ponerme un cuchillo en la garganta le llamas nada? Y además lo que habrás hecho con Will. - le respondí llorando como una magdalena. No podía callármelo.

- ¿Will? ¿Ponerte un cuchillo en dónde? Yo nunca te haría algo así. - protestaba desconcertado - ¿Pero de que estás...? Ah... - parecía que se le acababa de encender la bombilla. A saber lo que le había hecho a Will como para haberlo olvidado. Bajó la cabeza y se puso a rosmar algo por lo bajo, que no entendí, que llevaban las palabras "mierda" y "Will". Me miró de nuevo y dijo - No, te equivocas la persona que os hizo eso tanto a ti como a Will no soy yo. Es que es difícil de explicar. Solo confía en mí, me cortaría los dedos uno a uno yo mismo antes de hacerte daño.

- Pues no, no me fío de ti. Eras tu, no hay otra persona en el universo con esos ojos.

- No era yo. ¡Mírame! - Con un rápido movimiento agarró mis muñecas y se acercó para que observara sus ojos más de cerca. Me revolví aún que no sirvió de mucho puesto que era obvio que tenía más fuerza que yo.

No se. Los ojos que tenía en ese instante delante eran indudablemente del mismo color, pero la forma de mirar era la que yo recordaba antes de que me atacaran. La mirada que me profesaba era dulce y cálida, no fría y lujuriosa. Para nada rondaba lo tenebroso. ¿Pero por qué era igual y diferente al mismo tiempo? Después de un silencio incómodo bajé la mirada y dejé de forcejear, rindiendome a Zeev por completo. Él, en contraste con lo que yo me esperaba, cerró los ojos y  apoyó su cabeza sobre mi pecho, exhausto.

- Yumi, no se lo que te pasó, pero no podré vivir si no me dejas acercarme. No se vivir sin ti. Sé que tu no recuerdas nada, pero yo lo sé todo sobre ti. Y no puedo imaginar el estar otra vez yo solo, te necesito mucho más de lo que te puedas llegar a imaginar. Aún que no te fíes de mi déjame estar cerca para ver por mis propios ojos que no te pasa nada malo. No te tocaré si no quieres, pero necesito que me entiendas. - la voz con la que pronunció esas palabras era quebradiza, como un niño que evita el llorar y no lo logra.

- Te permito estar cerca, pero entiende cuando desconfío de ti. - levantó la cabeza y mis sospechas se confirmaron ya que tenía los ojos rojos y húmedos. - Dices que me necesitas pero solo te conozco de hace días, y ni siquiera sé si son días u horas porque según cierro los ojos paso de estar contigo a estar en cualquier otro lugar. No entiendo nada de lo que me ocurre y tu sabes lo que me ocurre y no me lo dices. Ahora lo que quiero son respuestas, no protección.

- Lo siento... - se retiró de encima mía y se sentó enfrente tapándose la cara con las manos. - Ya es hora de que te de una explicación. - me miró con intensidad al decir eso. El silencio que le siguió a esa frase me pareció una eternidad.

lunes, 27 de mayo de 2013

Capítulo 7

La noche nos envolvió como una madre arropa a su hijo al ir a dormir. Caminábamos del brazo, tranquilos, por las calles pacientes que horas atrás bullían del trajín de la vida en la ciudad. Casi nada me sonaba y las pocas cosas que si lo hacían eran extrañas, como incompletas, les faltaba algo. Como todo cuando estaba con Will, todo a mi alrededor estaba completo aparentemente, pero a la vez le faltaba como de realidad. No lo sabría explicar, era extraño.

Iba cavilando esas ideas en mi cabeza que ni cuenta me dí de que al doblar una esquina no estábamos solos.
Todo lo que pasó fue tan rápido y sin sentido que apenas se que ocurrió en realidad. Simplemente sentí una gran fuerza que me separaba de Will y momentos después tenía un brazo fuerte y musculoso agarrándome con fuerza, evitando que pudiera separarme del cuerpo de su propietario. Forzajeé para librarme de la presión de su abrazo, pero solo conseguí que esa presión aumentara más. Intenté gritar pero una mano impedía que el sonido saliera con toda la potencia que yo pretendía. Me mantuve quieta en cuanto sentí un contacto de un afilado y frío cuchillo en ni cuello que amenazaba con rajarme la garganta si no paraba.
Busqué a Will con la mirada y vi que miraba a mi contrincante con una mezcla en su mirada de  desafío y miedo.

- ¿Qué quieres? Te daré lo que quieras, pero no le hagas nada. - dijo levantando las manos en señal de paz, una paz que a  mi secuestrador le pareció más graciosa que tranquilizadora, puesto que empezó a reír.

- Típica respuesta, ¿y crees que con eso me vas a evitar hacer lo que me da la gana? - preguntó socarrón con una voz que yo conocía muy bien, ya que la escuchaba en cada sueño que tenía últimamente. Y me fijé en el color de su piel morena, en su olor... Y entonces me volteó sin sacar el cuchillo de mi cuello, y las pocas dudas que tenía se desvanecieron de un plumazo. El color de esos ojos eran inconfundibles, aún que la mirada no era la misma que en mis sueños. Ahora la mirada era oscura y lujuriosa, su sonrisa me medio lado mientras paseaba su mirada por todo mi cuerpo le daba un aspecto tenebroso y macabro que me aterraba. Esa persona salida de mi sueño no era el mismo, o eso me obligué a creer, porque la idea de que Zeev estuviera allí, en esa situación me era totalmente inconcebible. - Dime, capullo, ¿qué me harías si le hago algo? ¿Me matarías? - se dirigió a Will con desdén y superioridad, haciéndole un reto por le que Will apretó los puños y la mandíbula - Pues ven aquí e inténtalo, pero en cuanto muevas un músculo le rajo el cuello y sería una desgracia, la verdad - lo dijo descendiendo un dedo desde mi cara, dónde estaba aposentado, hasta mi cuello. Recorriendolo con como con deseo, que me puso la piel más de punta de lo que ya la tenía.


¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué el muchacho que tenía delante mirándome con unos ojos dorados llenos de oscuridad, una oscuridad tan profunda y tenebrosa que provocaba que me inundara un miedo aterrador? Zeev, el chico que me había salvado una vez ¿quería arrancarme la vida ahora?

Me sentía tan impotente ante esa situación que no pude evitar que gotas de agua brotaran de mis ojos, Zeev en vez de apenarse o liberarme algo de su maldito abrazo, comenzó a reírse, una risa aguda y de lunático, y aumentó la presión del cuchillo provocando que un hilillo de sangre comenzara a chorrear por mi cuello.

- No creas que con lágrimas de cocodrilo engañaras a nadie. - susurró acercándose a mi oreja.

Miré como pude a Will, y la expresión de él era de todo menos amistosa. Comenzó a correr hacía nosotros, eso a Zeev lo tomo por sorpresa, así que gracias a dios su reacción no fue rajarme en ese mismo instante, si no que me empujó hacía la pared, haciendo que me golpeara la cabeza contra la pared, perdí el sentido.

martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo 6

Me hallaba sentada reflexionando por lo que no oí el girar de la llave en la puerta y una figura entrando en silencio en la estancia hasta que la figura habló.

- ¿Qué estás haciendo? - Will estaba detrás de mirándome con una mezcla en la mirada de recelo y curiosidad.

- Tenía ganas de ver mis fotos, pero todas están como en blanco, borrosas. - contesté paseando la mirada sobre los álbumes abiertos y entonces me llamó la atención un insignificante trozo de fotografía rota y quemada. La cogí y en ella se veían con claridad unos ojos dorados y profundos... - ¿Zeev? - fué un susurro apenas audible, quise seguir observando el pedazo de papel pero Will me la arrebató rápidamente.

- No deberías estar viendo esto. Debes descansar que aún estás débil.

- Me escondes algo, y además soy yo la que decide si estoy con fuerza o no y me encuentro bien. Soy capaz de salir de casa. - le espeté levantándome del suelo para otorgarme la poca autoridad que podía
.

- De acuerdo, perdóname  - se me acercó, me besó la frente y se quedó muy cerca acariciándome con dulzura  lo tenía tan cerca que podía sentirlo entero contra mi piel, cada músculo, cada latido... - ¿Te apetece salir? Si te encuentras con fuerzas si quieres vamos a dar una vuelta.

- ¿En serio? - me quedé anonadada y por eso tenía que asegurarme de que no me llevaba a engaño. Era un cambio tan repentino de actitud que se me hacía raro, pero era a mi favor así que no me quejaba y además todo lo que estaba pasando en mi vida, por una cosa más no pasaría nada.

- Claro, vete a cambiar mientras yo recojo esto. - me sonrió de una manera tan dulce que me fue imposible no devolverle la sonrisa. Mi situación comenzaba a cambiar a mejor, o eso me parecía.

Corrí hacia la habitación dejandolo alli de píe y al volverme para cerrar la puerta no pude evitar fijarme en como miraba hacía las fotos con una expresión oscura y tenebrosa, se ponía tenso y cerraba el puño que contenía el trozo de foto que me había arrebatado con fuerza. Me pareció raro,  pero de la emoción ignoré lo que acababa de ver.

Me cambié lo más rapido que pude y salí de la habitación. Me encontre con la sonrisa dulce de Will y todo recogido.

- ¡Qué rápido! - le dije.

- No, lo que pasa es que tu eres muy lenta. - me respondió socarrón. - ¿Estás lista ya?

- Si - afirmé con ilusión, por fin iba a ver el mundo exterior y salir de esa mazmorra.

- Pues vámonos - extendió la mano hacía mí y la aferré con fuerza lo cuál hizo que aumentara, más si cabe, su sonrisa.

Salimos de casa cogidos de la mano, no sabía si eso estaba bien, pero ya no sabía que estaba bien o mal así que me decidí el disfrutar el momento. Paseamos por calles tranquilas hasta que la noche se nos echó encima. Yo disfrutaba del paseo pero él a medida de que pasaba el tiempo le cambiaba la forma de ser, se volvía más tenebrosa y oscura. ¿Qué pasaba por su cabeza?

sábado, 18 de mayo de 2013

Capítulo 5

Corriamos a escondernos en cada esquina que había y yo no sabía por qué. Lo único que sabía era que me dolía todo y que a cada paso que daba era como correr sobre cuchillos al rojo vivo. Llego el momento en el que una lágrima se me escapó del ojo con tan mala suerte que Zeev la vió caer.

- ¿Te duele mucho?

- No - dige intentando convencerme más a mi que a él.

- No se debe mentir. - me sonrió - Ya estamos cerca, ven aquí - me subió a su caballito y emprendimos de nuevo la marcha, esta vez yo iba más comoda.

- ¿A dónde me llevas?

- Veo que sigues sin recordar nada. - suspiró - Te llevo a un lugar seguro, ya lo verás.

- Gracias, por todo. - Cerré los ojos y me dejé llevar.

Los abrí, encontrandome de nuevo en mi habitación. Era coña, ¿no? Ya empezaba a tocarme las narices que cada vez que cerrara los ojos fuese como si cambiara a una realidad paralela. ¿Sería eso? Realidades paralelas. Era totalmente tangible, una completa locura pero tangible.

- Bien, estás despierta. - Will entró por la puerta con una bandeja en mano llena de cosas deliciosas. - Dormiste toda la tarde, asi que te he hecho la cena.

- Muchas gracias, pero apenas tengo apetito.

- Como quieras, pero lo dejo aquí por si te entra hambre después. - Me dedicó una sonrisa dulce y me acarició la mejilla.

- Por cierto creo que ya se de dónde salió el naipe. Te parecerá una locura pero salió de un sueño mío, creo.

- ¿Un sueño? ¿Y cómo es ese sueño?

- Pues es como una ciudad pos apocalíptica, no hay nadie y estoy junto a un chico...

- ¿Cómo es el chico? - me interrumpió.

- Pues, alto, moreno, musculoso y tiene los ojos de color oro. Y se llama Zeev. - la cara se le ensombreció.
- Ya veo...

- ¿Tiene relevancia cómo es el chico? ¿Conoces a Zeev? - se me encendió la bombilla.

- ¿Cómo lo voy a conocer? Es tu sueño. Tengo que marcharme, no salgas de casa. - me besó la frente, cogió su abrigo y se fué cerrando trás de si la puerta principal con llave, supongo que para asegutarse de que me fuera imposible salir.

Cuántas prisas de repente. Algo olía a podrido en ese asunto. Will era muy lindo y me trataba como una reina, pero mentir no era su fuerte. ¿Por qué tenía tanto interés repentino en Zeev? ¿Sería que realmente existia fuera de mi cabeza?

Jo, eso era horrible, tener la impresión de saber que tienes las soluciones a los enigmas en tu cabeza pero no poder llegar a ellos. Es como un gran rompecabezas que está borroso e indefinido, no puedes juntar las piezas aún que lo intentes siempre va a haber alguna pieza mal colocada. Tendría que investigar a fondo toda mi vida hasta aquel día para ir despejando lagunas. Tenía mucho trabajo, así que me puse manos a la obra.

Rebusqué por la casa adelante y puse en un montón todos aquellos objetos que podrían aclararme algo, en su mayoría álbumes. Me senté en el sofá delante de el montón y me dispuse a descubrir lo que se escondía bajo las lagunas de mi mente. Abrí el primer álbum de fotos y lo q vi no lo pude creer. Las fotos estaban tan borrosas como mi cabeza. Rápidamente me apoderé de el siguiente álbum con aprehensión, lo abrí. Igual, ninguna foto me decía nada, todo eran fotogramas difusos y blanquecinos.

Algo raro pasaba. Era imposible que en ninguna parte de la casa hubiera un recuerdo nítido. Pero era así, por más que busqué por todos los rincones no encontré nada. ¿Acaso el sueño era esta vida? Me sentía dividida y confusa, no podía vivir dos vidas totalmente separadas pero conjuntas al mismo tiempo. En un lugar me querían asesinar por el mero hecho de existir y en el otro era una enferma sin pasado cautiva en su propio apartamento. Entonces, allí sentada en el suelo, rodeada de recuerdos inconcretos, tomé la decisión de que me había vuelto completamente loca, pero siempre he sido curiosa así que si el sino quería jugarmela yo no pensaba rendirme tan pronto, sino que pelearía si hiciera falta y vería el final de lo que había latente en un futuro no muy lejano.

sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulo 4

- Explícame eso de por qué me he declarado la guerra a mi misma. - le solté escéptica.
Se encogió de hombros y se levantó.

- Supongo que tirada en esa cama nunca lo vas a descubrir, porque ya te dije que, a no ser que consigas la manera de hacerme hablar, de mi boca no saldrá nada.

- Pues ya podrías. - dije levantándome de la cama. - ¡Auch! - me dolía todo el cuerpo, las heridas que creía soñadas hay estaban, dispuestas a molestar cada movimiento que hacía. Estaba vendada totalmente, miré interrogante a Zeev pidiendo una explicación.

- Hice lo que pude pero no hago magia. Tu carrera de ayer fue bastante accidentada.

- Entonces no fue un sueño. - recordé la sangre, la mirada de esos hombres, todo lo que había creído un sueño. - Mataste a esos hombres, volviste de la muerte... ¿Qué hiciste para...?

No respondió, solo se acercó a mi y me dedicó una profunda mirada que me dejó tiesa y dijo:

- No me arrepiento de lo que he hecho y haré. Y si es por ti aún me arrepiento menos. Tu lo único que tienes que hacer para seguir viva y estar bien es hacerme caso...

- ¿¿Seguir viva?? - lo interrumpí.

- Si, en este lugar nada es lo que aparenta ser y tu, por decirlo de algún modo, eres un cuerpo extraño así que lo que intentará todo el mundo es sacarte del medio. Y la única forma de hacerlo es atraparte e incluso llegar al punto de matarte.

- ¿¡Matarme!? - repetí sobresaltada.

- Exacto y lo harán por todos los medios que tengan, querrán verte sufrir hasta tu último aliento. Así que movámonos.

Me ayudó a levantarme y a vestirme. No me había percatado hasta ese momento, pero ese no era mi cuarto, esa no era mi casa. Nos encontrábamos en algún sitio que yo no conocía. Salimos de aquella habitación a un pasillo medio derruido. Seguí a Zeev por el pasillo, íbamos muy pegados a la pared y me hizo señas de que guardara silencio hasta nueva orden. ¿Por qué? El miedo que sentía en ese momento era considerable, me temblaba hasta partes de mi cuerpo que ignoraba que pudieran temblar.

Después de recorrernos el edificio entero salimos a la calle. Era como si una bomba hubiese explotado en todo el mundo. ¿Estaba en un mundo pos-apoteósico? No tenía ni idea y por miedo a abrir la boca no le preguntaba a Zeev. Corrimos rápido hasta estar encubiertos otra vez en la entrada de otro edificio abandonado y derruido. Me dolía todo pero tenía que hacerlo. Me era muy poco creíble lo que me acababa de soltar Zeev de que me querían ver muerta, pero en mi caso no tenía oportunidad de discrepar de ello. Si no le creía ni le hacía caso moriría y si le hacía caso tendría dos finales: uno, descubriría que es verdad y continuaría viva o dos, descubriría que es mentira y simplemente le seguiría el juego a un loco. No tenía nada que perder, pero viendo el panorama mejor hacerle caso.

Zeev no me daba pié a desconfiar de él, y no lo iba a hacer. Era mi único apoyo en ese momento y aún que fuera un clavo ardiendo me aferraría a él con todas mis fuerzas.